Rubén Romero Lozano: @rubenromeroloza

Introducción

Mucho se ha escrito en el ámbito académico sobre lo que podemos esperar del futuro post crisis, una vez haya transcurrido el momento álgido de la pandemia por COVID-19. Las diversas posturas y enfoques filosóficos y económicos coinciden en que estamos viviendo un momento sin precedentes en la historia y que no existen experiencias anteriores que sean equiparables, para poder replicar un curso de acción específico. La Pandemia y sus consecuencias constituyen un desafío histórico, que cambiará, -como en efecto viene cambiando- el orden establecido. La dirección que tomará dicho cambio es el centro de la discusión. Los derechos humanos son el marco que promueve estándares internacionales que pueden impulsar el desarrollo humano y la protección social de grupos en situación de vulnerabilidad, para que no se quede nadie atrás.

Predecir el futuro.

Existen numerosas predicciones sobre el rumbo que tomará el mundo, desde el FMI, hasta filósofos que han compartido sus perspectivas para el mundo post-COVID-19, éstas predicciones parten de la necesidad de imaginar un rumbo certero, la tan deseada “vuelta a la normalidad”, lo que seguramente implica reinterpretar lo que “normalidad” significa, en tanto el pasado, el presente y el futuro no son asuntos igualitarios, ni los analizamos de manera uniforme. 

La inteligencia artificial y el Big Data nos permiten analizar un volumen de información estadística, epidemiológica, económica, jurídica y social que permite predecir diversos escenarios, pero sea cual sea la predicción, los escenarios serán más benévolos si se emplea un enfoque de derechos humanos.

El Fondo Monetario Internacional.

Quizás uno de los pronósticos más desalentadores es el realizado por el FMI, sin embargo, confiesan en su artículo “Afrontar la crisis: Prioridades para la economía mundial”  que “aún nos enfrentamos a una incertidumbre excepcional sobre la profundidad y duración de esta crisis…”

He allí el primer elemento definitorio: la incertidumbre es el principal elemento que predomina en esta etapa (aún novedosa) de la pandemia.

Sin embargo, tienen claro que el crecimiento negativo de la economía, es decir, el decrecimiento, será el panorama principal para el resto de 2019 y 2020. Esto, considerando que las secuelas serán las peores experimentadas por la “economía mundial” desde la Gran Depresión de 1929, que -no olvidemos- ocurrió en una época con unas condiciones económicas, sociales, políticas, sanitarias y de avance tecnológico completamente distintas.

Una época en que ni siquiera existía la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en la que Europa se encontraba prácticamente en la quiebra a raíz de la primera guerra mundial y en que las potencias europeas que se aniquilaban entre sí. 

Hace tan solo tres meses, el FMI esperaba un crecimiento positivo en más de 160 países, pero hoy se espera todo lo contrario, es decir, que más de 170 países experimentarán un crecimiento negativo, aunque no de la misma manera, ni con la misma intensidad. 

Las profecías de los filósofos contemporáneos.

Al menos tres corrientes de pensamiento filosófico han pronosticado escenarios completamente contradictorios entre sí, desde Italia, Agamben pronostica que la pandemia no será tan grave y que en realidad ha sido planificada para crear temor y conmoción social, lo que facilitará un mayor control sobre todos los aspectos de la vida, es decir, reforzará un sistema vigilante, autoritario, que restringe la libertad. 

Por su parte, desde Reino Unido, Zizek plantea una revolución que acabará con el capitalismo como una maniobra que al igual que en la película “Kill Bill”, -dirigida por Quentin Tarantino- hará explotar el corazón del capitalismo con una maniobra de presión en cinco puntos distintos. Una predicción que considera al socialismo como inminente en la transición del mundo actual, al mundo post-pandemia. 

En otro orden de ideas, desde Alemania, Byung-Chul Han, anticipa todo lo contrario, es decir, el reforzamiento del sistema capitalista actual, como consecuencia del aislamiento social y la retracción de la población confinada, más pendiente de mantener la salud que de crear redes de solidaridad, es decir, un capitalismo reforzado por el individualismo.

No obstante, la pandemia y actores no estatales han demostrado que las redes de solidaridad no solo se están tejiendo, sino que es posible recaudar millones en fondos privados y filantrópicos, destinados a gastos sanitarios, sociales y de apoyo en la gestión de la pandemia por Covid-19. 

Un mundo diverso, un mundo heterogéneo.

¿En cuántos mundos vivimos? Los análisis sectoriales predominan, quizás demasiado comprometidos con las corrientes ideológicas de sus autores, o con la preeminencia de un sesgo empeñado en medir el crecimiento del PIB, aunque este esté distribuido de manera absolutamente desigual, por lo que se consideran perspectivas de crecimiento o contracción económica muy disímiles, en tanto, en la zona del Euro se ha proyectado una reducción del producto interno bruto (PIB) de 7,5 % en 2020, al mismo tiempo que se calcula que el PIB de China e India crecerá un 1,2 y 1,9 % respectivamente, es decir, que a pesar de la gravedad de la situación, seguirá aumentando la riqueza de ambos países.

Así mismo, incluso dentro de Europa, las perspectivas son disímiles, Italia parece llevarse la peor predicción, con un -9,1%,  en contraste con Alemania, cuya economía se prevé contrayéndose un 7 % y posteriormente recuperando un 5,2 % de esa pérdida en 2021.

Así mismo, otros países de Oriente Medio, si bien tienen proyecciones económicas negativas en 2020, se plantea que se recuperarán en 2021, doblando su PIB. Lo mismo sucede con las predicciones para las economías emergentes y en desarrollo de Asia, que pasarán de un crecimiento previsto en 1% para 2020 a un crecimiento de 8,5 % en 2021; entonces, si, la economía se verá gravemente afectada, pero no en todos los lugares, ni de la misma manera. 

No obstante, el pretendido final del sistema capitalista, no es ni será un proceso lineal, ni monoetápico. No todos los territorios funcionan de acuerdo a las normas económicas capitalistas. Además, lo que se consideran medidas de extrema izquierda en algunos países: como la redistribución de ingresos y el pago de incentivos económicos universales a la población, se han colado en los discursos de gobiernos no alineados a los ideales socialistas, por lo que se desdibujan las fronteras económicas en los planteamientos del espectro tradicional izquierda-centro-derecha. 

Los derechos humanos, estándares y objetivos para el desarrollo.

Se trata de un período de cambios, de ello no hay dudas, pero el rumbo que tomen los Estados y con ellos las poblaciones, debe guiarse por los estándares internacionales de derechos humanos: la democracia, el estado de derecho, la paz, la libertad y el desarrollo, entendidos bajo un manto de integralidad, interdependencia, indivisibilidad y universalidad de los ddhh.

Es demasiado pronto para poder predecir qué ocurrirá exactamente, pero es fundamental que lo que sea que ocurra, sea producto del más profundo respeto por la dignidad humana, que es común a todo ser, sin distinción alguna. Así y solo así, una comunidad internacional hará posible el desarrollo de la humanidad y evitará la catástrofe. 

El autoritarismo, la vigilancia intensiva, el recrudecimiento de la persecución a disidentes y opiniones críticas en ciertos estados, demuestra que la crisis pandémica nació por un incumplimiento de estándares de derechos humanos, respecto a la preparación, comunicación y alerta ante sucesos de ésta índole, y la gestión de la crisis revela que sólo aquellos liderazgos que han actuado oportunamente, que han sabido actuar con mano inteligente, en lugar de actuar con mano dura, que han sabido poner en primer lugar el bienestar de la población, antes que los beneficios económicos a corto plazo y que han pasado a la acción en vez de navegar en el negacionismo, han obtenido los mejores resultados hasta el momento, por lo que se confirma una vez más que los derechos humanos son el piso mínimo que debe guiar la acción de estados y gobiernos, ante cualquier situación, bien de crisis, bien de “normalidad”. Es momento de exigir que las decisiones públicas y sus políticas tengan enfoque de ddhh, de lo contrario, el riesgo es inconmensurable.