Rosa Amelia Asuaje @AmeliaAsuaje
Juan Carlos Gutiérrez @juancgutierrezc

“En el corazón de la parresía no encontramos el estatus social,
institucional del sujeto, sino su coraje”
Michel Foucault, “El coraje de la verdad: el gobierno de sí y de los otros”

Primera Entrega.

En este tiempo de pandemia, hecho inédito para nuestra generación y las que nos siguen, se han impuesto numerosas ideas que edulcoran o recrudecen un futuro que, según sea el gusto del analista, coach o sacerdote que tenga la palabra, se planta optimista o apocalíptico. Muchos gobiernos y figuras influyentes de los medios de comunicación a nivel mundial, han optado por usar un término propio de la neo lengua del español, inaceptable desde el punto de vista fáctico y lingüístico: “nueva normalidad”, algo que no puede avizorarse, pues desconoce qué se entiende por algo “nuevo” y “normal”, atropellando no sólo a la lengua, sino a eso que resulta inasible para todos como el futuro mediato en el marco de la enfermedad ocasionada por el virus SARS-CoV-2 y que ha infectado a más de tres millones de personas en nuestro planeta hasta la fecha.

Si observamos el flujo informativo constante en torno al Covid-19, es preciso y urgente asumir coherentemente el derecho a expresarse, siendo este un tema que exige un grado significativo de responsabilidad del emisor o enunciador, so pena de violentar el derecho que tiene el otro de recibir información veraz y comprobable sobre un asunto que entraña su propia vida y la de quienes conforman su círculo afectivo, pues sobre el cuidado de sí y de los otros, debería erigirse una sociedad éticamente responsable que maneje con data confiable lo que corresponde a su salud. Como enunciado es fácil de elaborar, veamos si es posible sostener la discusión en el ámbito de su argumentación.

En su investigación “La ética del buen purgar”, la psicoanalista argentina, Mariana Isasi (2019),[1] hace alusión al tomo III de la Historia de la sexualidadLa inquietud de sí, de Michel Foucault en el punto en que el filósofo menciona la recomendación del médico griego Hipócrates de vomitar dos veces durante la primavera, por la adecuada higiene del cuerpo que requería purgarse de todo aquello consumido durante el invierno. Este método no deja de implicar un poderoso contenido simbólico si hacemos una extrapolación de la palabra insana que es necesario purgar porque es un derecho hacerlo en pos del bien de sí. 

La autora de dicha investigación plantea la importancia de eso que el cuerpo purga para el saneamiento del alma y valora la noción de expulsión en Lacan como aquello de “lo que el ser humano tiende a desinteresarse”. En este sentido, sería provechoso ubicar todo aquello que confluye en nuestra mente sobre un virus que genera una gran incertidumbre y que ha sido objeto de múltiples informaciones fallidas entre las que las fake news han ganado un gran terreno en la alimentación del miedo colectivo a través de múltiples plataformas y redes sociales.

Previa a esta entrega, los autores de este trabajo hemos planteado la necesidad de recurrir a la construcción de una ética del compromiso con el otro y consigo mismo en un escenario de pandemia como este; ello lo hacemos a partir de los postulados de la ética grecorromana, epicentro de la filosofía antigua, replanteada por el filósofo francés contemporáneo Michel Foucault, quien dedicó sus últimos años a indagar en las prácticas de “estilo de vida” de griegos y romanos, expuestos por filósofos como Platón, Aristóteles, Zenón, Diógenes, Marco Aurelio y Epicuro, entre otros.

Una de las nociones en las que Foucault hace foco por ser vertebradora de la ética antigua es el de “parresía” del griego pán (todo) y rhésis (discurso, locución, palabra). Así, para los griegos, incluso en el comediógrafo Aristófanes durante el s. V a.C., la parresía estaba asociada con “decir todo el discurso”, “decir del discurso todo lo que tiene que decirse”. Visto solo así, podríamos interpelarnos acerca de qué tipo de discurso es el que hay qué decir o cuál es su grado de registro y correspondencia con la realidad, precisamente en términos de garantizar el derecho a la libre expresión de ideas y pensamientos, pues la censura previa está proscrita en el derecho internacional de los derechos humanos: nada, ni nadie debería impedir que podamos difundir “todo el discurso”.

Justamente el carácter ético, de éthos como “manera de ser” o “comportamiento”, radica en las tres condiciones que Foucault rescata en sus últimos cursos del Colegio de Francia (1980 a 1984), en la Cátedra “Historia de los sistemas de pensamiento”; estas condiciones que debía tener el sujeto que hacía uso de la parresía (parresiastés o parresiasta) se centraban en: 1) decir la verdad; 2) decirla toda y 3) decirla francamente. Es decir, no sólo bastaba con decir, tener libertad para decir cualquier asunto de sí o de los otros, sino decir la verdad sobre sí mismo o sobre un hecho atinente a los otros; bien sea en el plano personal o político, implicando inclusive un riesgo al decir algo que no fuese del gusto de los receptores del discurso. En palabras del mismo Foucault este explica:

      “Como ustedes ven, el parresiasta es alguien que asume un riesgo. Claro que este riesgo no es siempre un riesgo de vida. Cuando, por ejemplo, cuando ustedes ven a un amigo haciendo algo incorrecto y se arriesgan a causar su ira al decir que está equivocado, ustedes están actuando como parresiastas […] La parresía, entonces, está ligada al coraje ante el peligro: demanda el coraje de decir la verdad a despecho de algún peligro. Y, en su forma extrema, decir la verdad se da en el “juego” de la vida o la muerte”.[2]

      Si tomamos esta alocución de Foucault sobre la parresía, nos daremos cuenta de la responsabilidad social e individual que implica ser un parresiasta y hacer uso de la parresía como ciudadano; pues no se trata de decir algo sobre sí mismo o sobre otros, sino de sostenerlo con hechos y honestidad a prueba de verificaciones. Es decir, ajustar el decir al hacer y no convertir un mero hecho discursivo en una idea. Para hacer uso de la palabra en la sociedad y de gozar de la libertad de expresión como derecho universal, no basta con que se nos permita hacerlo, sino que podamos sostener lo que decimos, así genere consecuencias, pues hablar y hacer uso de la libertad de expresión, no implica distorsionar la realidad en detrimento de otros o de los hechos mismos de una realidad tan dolorosa como este virus que nos sacude día a día, impacto que se ha potenciado por la llamada “infodemia” o difusión de noticias falsas relacionadas con la pandemia Covid-19, las cuales, en un contexto de las medidas gubernamentales de aislamiento e incertidumbre sobre el tratamiento, curación y eventual vacuna, podrían generar afecciones de salud mental en un número mayor a los contagiados por el virus mismo.

En tiempos de pandemia y en los que personas de gran credibilidad como la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, expresa la necesidad de un manejo honesto de todo lo atinente al Covid-19, se refiere a abarcar esa noción de derecho humano intrínseco a la libertad de expresión en el marco de la solidaridad y del cuidado de sí y de la sociedad.[3] Es preciso, entonces, asumir con responsabilidad la palabra y hacer uso de la parresía al decir y sustentar todo lo que se dice; eso que llamamos “transparencia informativa” debe dejar de ser una Quimera o un slogan político para volverse un compromiso individual y social. Es tiempo de que hagamos uso de nuestra parresía personal, de nuestra libertad de expresión como derecho humano y que rescatemos éticamente los hechos, por el bien de nosotros y de los otros, por el cuidado de sí y de los otros, por la coherencia y el respecto de expresarnos libremente con responsabilidad, haciendo de un derecho fundamental, una práctica ética de la existencia.


[1]Para mayor información sobre la tesis lacaniana del sentido del “purgar”, se recomienda consultar la investigación de Isasi, Mariana (2019) “La ética del buen purgar”, en La ciudad analítica, revista de psicoanálisis, publicación de  ICdeBA, año 2, número 2. Buenos Aires.

[2] Foucault, Michel (2012) Coraje y verdad. Traducción castellana elaborada por Felisa Santos del seminario dictado por Foucault en la Universidad de Berkeley en 1982 bajo el título: Fearless Speech

[3] Ver su discurso del 23 de abril de 2020 en: https://twitter.com/mbachelet/status/1253359715884642304